América, adentro, dos años después
El América está en la liguilla, pero las grietas que presenta por todos lados nadie se las puede borrar. El triunfo de 1-0 que sacó ante el Monterrey fue con el simple pretexto de que hay partidos de futbol en los que no gana siempre el que se empeña más.
Tan mezquinos los dos equipos, uno por impotente y el otro por ineficiente presumieron un concierto de errores. Gravedad entonces si ambos creen que con lo que tienen harán algo sobresaliente más adelante.
Nadie le cree a Jesús Ramírez que se dedica a culpar a los árbitros cada vez que pierde empantanando las promesas de que jugarán mejor. Ante el Monterrey fueron superados por un equipo que cuando abandona el Tec, se vuelve prehistórico, excesivamente burdo.
Con la derrota del Pachuca los dos se encontraron con la sonrisa de que la liguilla se les iría solamente por un milagro o una tragedia y entonces por momentos salieron a reservase el esfuerzo. Un gol de Daniel Montenegro bastó para satisfacer a Chucho Ramírez que víctima de la frustración de no saber ganar los partidos con prontitud y tranquilidad, se enojaba en cada ataque Rayado.
Monterrey puso dos tiros en el poste y trajo de izquierda a derecha a Guillermo Ochoa en su portería, pero todo hasta que ya iban abajo en el marcador porque de haber amarrado el empate soporífero como le agrada a Víctor Manuel Vucetich, no hubiera modificado nada.
Ante la adversidad, el técnico regio mantuvo sólo a tres hombres nominales abajo y con eso se la jugó todo el partido. Por momentos, sobre todo en el inicio del complemento se creyó que Monterrey tenía la pasta para salir incluso con la victoria en su visita a la capital.
En el banquillo del América nadie puede disfrutar los partidos, máxime si la orden es darle aliento al adversario cada vez que se puede. América tiene un arsenal ofensivo que Ramírez no sabe ocupar y jugadores como Montenegro o Pardo no asumen como responsabilidad atacar. Conformistas y timoratos, los americanistas se defienden pujando y con miedo, mientras Ramírez descarga con su auxiliar, Victor Harlem Medina los tremendos errores que cometen. Si a eso se le aumenta la lesión temprana que tuvo Aquivaldo Mosquera, las cosas no pueden estar bien.







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